Cuando la transparencia incomoda: una lectura desde el Sur sobre la salida de EE. UU. del Open Government Partnership

Nicolás Díaz-Cruz
Director ejecutivo de Extituto de Política Abierta
Bogotá Colombia
En los últimos días, el anuncio del retiro del Gobierno de los Estados Unidos del Open Government Partnership (OGP) ha generado sorpresa, preocupación y, sobre todo, muchas preguntas. No solo por lo que implica para una de las iniciativas multilaterales más importantes en materia de transparencia y rendición de cuentas, sino por el mensaje político que envía en un contexto global marcado por el debilitamiento de las democracias y la creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones públicas.
Escribo estas líneas desde una experiencia concreta: como director de Extituto de Política Abierta, una organización de la sociedad civil que, durante años, ha trabajado junto a gobiernos nacionales y locales, organizaciones ciudadanas y organismos multilaterales para llevar a la práctica —no al discurso— los principios del gobierno abierto. Transparencia, participación ciudadana y rendición de cuentas no son consignas ideológicas; son herramientas de gestión pública que, bien implementadas, ahorran millones de recursos públicos, reducen riesgos de corrupción y mejoran la calidad de las decisiones públicas. Los compromisos de gobiernos de diferentes tendencias en la región, con mecanismos independientes de reporte y evaluación, muestran que, si bien hay mucho por hacer, hay avances continuos y compromiso político para mejorar los datos públicos, hacer mejor uso de las tecnologías y tener políticas que atiendan de manera efectiva las necesidades e intereses la ciudadanía.
El gobierno abierto no es una agenda identitaria: es una agenda de eficiencia
Uno de los argumentos esgrimidos para justificar la salida de EE. UU. presenta al gobierno abierto como una plataforma capturada por agendas ideológicas. Esta lectura ignora deliberadamente algo esencial: el gobierno abierto nació, y sigue funcionando, como un enfoque pragmático de mejora del Estado.
En América Latina lo hemos visto una y otra vez. Procesos de cocreación con ciudadanía han permitido: Detectar sobrecostos antes de que se conviertan en escándalos, rediseñar programas públicos que no estaban funcionando, mejorar la focalización del gasto, fortalecer sistemas de compras públicas, y legitimar decisiones complejas que, sin participación, habrían fracasado.
Abrir datos, escuchar a la ciudadanía y someter decisiones al escrutinio público no debilita la soberanía del Estado. La fortalece. Un Estado que se deja mirar es un Estado que aprende, corrige y gobierna mejor.
La paradoja: menos transparencia cuesta más
Desde nuestra experiencia en Extituto, hay una certeza incómoda para muchos gobiernos sobre el hecho de que cerrar la toma de decisiones sale caro. Sale caro en términos fiscales, institucionales y políticos. Cada proceso público que se diseña sin participación real incrementa la probabilidad de: Políticas mal implementadas, litigios evitables, resistencias sociales, y mejora en el bienestar de las personas, desperdicio de recursos, y pérdida de confianza ciudadana.
El gobierno abierto no es un lujo normativo ni una moda internacional. Es una política preventiva frente al despilfarro, la corrupción y la ineficiencia. Renunciar a estos espacios no es un acto de austeridad, si no una apuesta por decisiones más opacas, más costosas y más frágiles.
Lo que está en juego no es OGP, es el tipo de Estado que queremos
La salida de EE. UU. de OGP no debilita al gobierno abierto como idea. Lo que sí hace es evidenciar una disputa más profunda, sobre si los gobiernos quieren ser evaluados, interpelados y acompañados por su ciudadanía, o si prefieren gobernar sin preguntas incómodas.
Desde el Sur Global, donde muchas democracias aún están en construcción, sabemos algo que muchos parecen olvidar: la transparencia no se impone, se practica; y la confianza no se exige, se construye.
Desde Extituto de Política Abierta seguiremos trabajando para que más gobiernos entiendan que abrir el Estado no es ceder poder, sino gobernar con inteligencia y con la ciudadanía. Porque cuando la transparencia incomoda, suele ser señal de que está haciendo su trabajo.
Conoce a Nicolás:
Cofundador y Director de Extituto de Política Abierta. Politólogo y Magíster en Asuntos Públicos con 13 años de trayectoria en innovación pública y gobierno abierto. Ha sido consultor internacional (UNICEF, United Way Francia), asesor ministerial en Colombia y docente de posgrado. Experto en participación ciudadana y nuevas metodologías democráticas.
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