El Derecho a Permanecer

Reflexiones sobre la participación ciudadana de hoy y de siempre.

La planeación urbana en Bogotá ha sido, históricamente, una hoja de ruta trazada desde escritorios lejanos al territorio. Para miles de familias, el progreso no ha llegado en forma de oportunidades, pero sí como un trazo, un polígono, o manchas sobre planos, que dejan sus predios en “zonas de reserva”, una sombra jurídica que congela sus predios, deja en incertidumbre y genera una angustia constante sobre el futuro de su patrimonio. El desplazamiento se ha manifestado por años en grandes construcciones como ampliaciones de vías y proyectos de interés público, siendo los más recientes: la Avenida Guayacanes, La construcción de la primera línea del metro, la troncal de la Av. 68, y diversas actuaciones estratégicas que no cuentan con una planificación pensada en los futuros afectados. Hoy, en la localidad de Suba, nos encontramos ante la reserva vial de la Avenida El Tabor, la Av. ALO y la segunda línea del metro, junto a la inminente presión urbana de la Actuación Estratégica Ciudadela Educativa y del Cuidado; nos enfrentamos entonces a una pregunta ética fundamental: ¿Para quién se construye la ciudad?

La Vulnerabilidad Invisible del Suelo de Reserva

Nuestra experiencia en Tibabuyes, occidente de Suba, nos ha mostrado que los futuros afectados no son tenidos en cuenta para la planeación urbana, y se tiende a desconocer o invisibilizar la población que será afectada por los trazados. Zonas que en un futuro pueden ser vías, corredores ambientales para espacio público o reverdecimiento. En el largo plazo serán demolidas sus viviendas, pero no existen mecanismos para que ellos puedan proteger su patrimonio desde hoy. Esto debido a que la actual política pública de protección a moradores, no contempla proyectos de largo aliento, solo está dirigida a los desarrollos en el corto plazo.  

Debemos dejar de pensar que los afectados son únicamente quienes deben entregar sus predios por un proyecto en ejecución. La afectación inicia en el momento que se plantea o propone el potencial de desarrollo, porque quienes han estado allí por años no son solo números en un censo; son familias de estratos 1 y 2 que han consolidado su vida y su sustento a través de la vivienda autoconstruida. Para ellos, perder la casa no es solo perder un techo; es perder el taller, la tienda de barrio o el apartamento que arrendaban para completar el sustento mensual.

La innovación pública no puede limitarse a digitalizar trámites o modernizar fachadas. La verdadera innovación debe responder a la población más vulnerable: Aquellos que actualmente habitan el suelo que en un futuro “tendrá desarrollo” solo porque en el presente, los técnicos identificamos “el potencial”. El modelo actual no responde a esta necesidad, los “detonantes urbanos” suelen priorizar la rentabilidad inmobiliaria y el licenciamiento directo para quienes tienen capacidad de invertir, lo que en la práctica se traduce en especulación y expulsión. Si la ciudad avanza a costa de desplazar a sus fundadores, no estamos ante un progreso, sino ante una fractura social.

De la Resignación a la Propuesta

Desde las organizaciones sociales hemos propuesto un cambio de paradigma, incluyendo a los futuros afectados. Para que sean ellos parte esencial de la planeación, no únicamente como un actor pasivo. Nuestro caso de estudio en la reserva vial y la propuesta dentro de la actuación estratégica, no es un simple ejercicio arquitectónico; es una apuesta por el debate democrático del suelo público, y la capacidad de la comunidad para tomar acción y proyectar soluciones innovadoras.


Hemos identificado que existe una alternativa técnica viable iniciando con un Catalizador Urbano. A diferencia del detonante que explota y destruye, el catalizador aprovechará la nueva infraestructura para fortalecer lo existente. Proponemos una Alianza Público-Popular para la reubicación. Esto significa que, en lugar de que el distrito compre predios para luego entregarlos al mejor postor inmobiliario, o para la construcción de espacio público y reverdecimiento, se puede gestionar el suelo de manera que los mismos habitantes sean los beneficiarios de la redensificación y desarrollo urbano.

Una Alianza para la el Desarrollo

Como profesionales del territorio, imaginamos un proyecto donde las manzanas estratégicas se transforman para acoger a las futuras familias afectadas por la construcción de la vía, permitiéndoles habitar el espacio en altura no usado por el vecino que tiene una casa de dos pisos, mediante la gestión social del suelo. Permitiendo que el desarrollo sea comunal y exponencial, donde la plusvalía generada por la avenida se quede en manos de la comunidad que ha construido el barrio por más de cuatro décadas. A pesar de las tensiones políticas y de una normativa que parece diseñada para la rigidez, mantenemos una voz de aliento. El trabajo con la Secretaría del Hábitat deben ser espacios para la innovación real, aquella que permita un desarrollo en base a la necesidad humana.

Hoy contamos el trabajo de Tibabuyes Región, no como la crónica de una expulsión anunciada, sino como la semilla de una ciudad que cuida, que escucha y que se atreve a planificar con su gente, convirtiendo la reserva vial en un corredor de dignidad y permanencia. El medio que nos permita conectarnos, no solo más allá del Rio Bogotá, sino también con las personas, la diversidad del territorio y las historias que han construido los barrios.

Wilmar Camilo Parra Huertas
Fundación Tibabuyes Región
Bogotá D.C. Colombia

Coordinadora de Formación y Articulación en Colombia Líder, donde impulsa la formación de gobernantes y la construcción de alianzas para fortalecer la gestión pública territorial.

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