Entre las “IAs”: enseñar políticas públicas en un mundo que cambió.

Reflexiones sobre la participación ciudadana de hoy y de siempre.

Durante muchos años, cuando en el sector público colombiano alguien hablaba de las “IAs”, todos entendíamos lo mismo: Procuraduría, Contraloría, Fiscalía y otros entes de control. O eso creía yo. Hoy esa misma sigla también significa algo distinto para muchas personas: Inteligencia Artificial.

La primera vez que lo noté fue en clase. En 2025, al mencionar las “IAs”, varios estudiantes pensaron inmediatamente en tecnología y no en instituciones. La confusión generó risas, pero también abrió una conversación interesante. Ese pequeño momento en el aula me hizo pensar en algo más profundo: cómo cambian las formas en que entendemos las instituciones públicas y el papel que tienen en un mundo que se transforma cada vez más rápido.

Hoy, quienes llegan al aula no solo quieren aprender cómo se diseñan las decisiones públicas, sino también entender por qué funcionan —o por qué no— en la práctica. Llegan con acceso más temprano a la información, con expectativas sobre un gobierno más abierto y transparente e incluso con interacciones cercanas con quienes gobiernan en el momento. Eso transforma inevitablemente la forma en que enseñamos.

Desde mi experiencia enseñando diseño y análisis de políticas públicas, hay al menos cinco ideas que considero esenciales para formar a quienes tomarán decisiones públicas en los próximos años.

  1. Las aulas deben conectarse con la práctica real. Conceptos como el ciclo de políticas públicas o la participación ciudadana han sido durante décadas parte central de la formación en políticas públicas. Sin embargo, hoy resulta cada vez más evidente que estos temas no pueden enseñarse únicamente desde lo que dicen los libros.Las nuevas generaciones necesitan entender cómo se ven estos procesos en la práctica: cómo se implementan las decisiones públicas, cómo interactuar con las instituciones y cómo se negocian soluciones entre múltiples actores. Al final, enseñar políticas públicas no es solo explicar el “deber ser”. También implica mostrar cómo se equilibran los análisis técnicos con las dinámicas políticas e institucionales que hacen posible —o limitan— las decisiones públicas.

  2. Todos los caminos deben llevar a los usuarios finales. En clase suelo contar anécdotas sobre políticas públicas que no resultaron como se esperaba. Cuando analizamos qué ocurrió, muchas veces encontramos el mismo problema: algo del contexto de los usuarios no fue considerado en el diseño.Se invierten grandes cantidades de recursos, se movilizan instituciones enteras y, sin embargo, el resultado termina siendo un programa que no se usa, un servicio que no resuelve el problema o, en el peor de los casos, un elefante blanco. Cuando esto ocurre, la participación ciudadana, la transparencia o la rendición de cuentas terminan convirtiéndose en ejercicios formales para cumplir requisitos, pero no necesariamente generan cambios reales en la vida de las personas.

    Estas experiencias dejan una lección sencilla pero fundamental: en el diseño de las políticas públicas, todos los caminos deberían llevar siempre a quienes finalmente las utilizan: pasar del escritorio al territorio.

  3. Las políticas públicas se nutren de diferentes disciplinas. Abordar problemas públicos implica reconocer, desde el inicio, que estamos tomando decisiones sobre fenómenos complejos. Durante mucho tiempo se asumió que la mejor respuesta era la especialización sectorial y, aunque ese conocimiento sigue siendo fundamental, hoy resulta claro que no es suficiente.Diseñar políticas públicas debe poner a las personas y su contexto en el centro. Por eso, cada vez resulta más necesario incorporar perspectivas provenientes de otras disciplinas, como el diseño, las ciencias del comportamiento y, cada vez más, la tecnología. Estas herramientas permiten comprender mejor cómo las personas interactúan con las instituciones y cómo pequeños cambios en el diseño de los procesos pueden mejorar significativamente los resultados de una política pública.

  4. Innovar no es improvisar. Los recursos públicos son escasos y, precisamente por eso, hacer mejores políticas públicas exige que quienes toman decisiones sepan utilizarlos de manera eficiente y orientada a generar el mayor impacto posible. Eso implica, además de promover una cultura abierta a nuevas ideas, diseñar los incentivos necesarios para materializarlas.Uno de los grandes desafíos de la innovación pública es, justamente, su sostenibilidad. Muchas iniciativas se quedan en pilotos o en proyectos temporales que desaparecen con los cambios de gobierno, con las propias dinámicas institucionales o por el temor a los entes de control.

    Formar a quienes diseñarán políticas públicas también conlleva prepararlos para moverse en ese contexto: probar, iterar, evaluar, y si funciona, escalar. Al final se trata de entender el proceso, saber justificarlo, generar evidencia y convertir las innovaciones en prácticas institucionales duraderas.

  5. Formar criterio para fortalecer nuestras instituciones. Enseñar políticas públicas no es solo transmitir herramientas o metodologías. También es formar criterio para tomar decisiones en contextos complejos.

    Ya hemos hablado de que quienes pasan hoy por las aulas probablemente enfrentarán escenarios donde tendrán más información, más datos y más herramientas tecnológicas que cualquier generación anterior. Pero tener todo esto no necesariamente implica tomar mejores decisiones.

    Por eso, formar a quienes diseñarán políticas públicas también implica promover su capacidad de analizar contextos, cuestionar inercias institucionales y entender las implicaciones de las decisiones que se toman tanto en el corto como en el mediano plazo. Incluso, este criterio se necesita para que las políticas públicas desarrolladas sepan sortear las barreras institucionales propias de las entidades de control.

Tal vez por eso aquella confusión sobre las “IAs” en clase terminó siendo más reveladora de lo que parecía. El reto no está en qué herramientas enseñar, sino en desarrollar las habilidades necesarias para que nuestras instituciones puedan adaptarse, innovar y responder mejor a los problemas de las personas y sortear los retos institucionales que se presenten. Porque, al final, innovar en lo público se trata de entender el problema, ir hacia la mejor solución y, con ello, recuperar algo que hoy resulta más necesario que nunca: la confianza en nuestras instituciones.

Lorena Andrea López Barrera
Profesora de cátedra
Facultad de Economía
Universidad del Rosario

Coordinadora de Formación y Articulación en Colombia Líder, donde impulsa la formación de gobernantes y la construcción de alianzas para fortalecer la gestión pública territorial.

También te puede interesar