Re-pensar las decisiones públicas: experiencias de gobernanza colaborativa en el Sur Global

Sobre cómo mostrar una plataforma digital en un espacio de participación ciudadana se convirtió en una cuota, no en una transformación

La participación de Extituto de Política Abierta en GIGAPP 2026, celebrado en Madrid, abrió un espacio para compartir experiencias y discutir algunas de las preguntas que atraviesan} los procesos de innovación pública y gobernanza colaborativa en el Sur Global. La coordinación del grupo de trabajo GT 2026-16, Re-pensar las decisiones públicas: experiencias de gobernanza colaborativa en el Sur Global, permitió poner en diálogo investigaciones y experiencias de cuidado y datos abiertos en Argentina, fortalecimiento y colaboración universidad y empresas de comercio justo en Brasil, la reflexiones sobre el modelo consultivo para el sector salud en España y apuestas de innovación social y empresarial para el cierre de brechas desde Colombia. 

El desarrollo de las dos sesiones lideradas por Extituto, en dos jornadas contiguas, permitió dar continuidad a las conversaciones y reconocer algunas inquietudes compartidas entre quienes investigan, trabajan y experimentan alrededor de estas preguntas. Una de ellas tuvo que ver con la necesidad de encontrar formas de nombrar y comprender las experiencias de innovación pública y gobernanza colaborativa que se desarrollan en América Latina y otras regiones del Sur Global.

Nombrar no es solamente encontrar conceptos para describir lo que hacemos, también implica reconocer desde dónde se produce el conocimiento, qué experiencias logran convertirse en referentes y cuáles permanecen invisibles o fragmentadas. Aunque existe un repertorio amplio de conceptos, metodologías y mecanismos para analizar estos procesos, su aplicación requiere considerar las condiciones sociales, económicas y políticas en las que tienen lugar. Las desigualdades territoriales, las relaciones entre el Estado y la ciudadanía y las capacidades institucionales, tanto en términos de presupuesto como de posibilidades reales de implementación, influyen en la manera en que cada iniciativa se organiza y en los resultados que alcanza.

Fortalecer la capacidad de producir conocimiento desde estas experiencias es, por tanto, una primera tarea. No se trata de descartar los marcos construidos en otros contextos, sino de situarlos, adaptarlos y reconocer que desde América Latina también se producen conceptos, metodologías y aprendizajes capaces de alimentar las conversaciones sobre innovación pública en diferentes niveles. 

Esta discusión conecta con un hallazgo del trabajo de Extituto en Colombia, en el marco del proceso de acompañamiento desarrollado junto con el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el Departamento Administrativo de la Función Pública (DAFP), donde se identificaron 296 actores de innovación pública en 24 departamentos y se recogieron aportes de cerca de 500 personas a través de entrevistas, talleres, grupos focales y encuentros territoriales. Este trabajo permitió reconocer un ecosistema diverso, con capacidades y experiencias que surgen tanto dentro de las instituciones como desde organizaciones de la sociedad civil, colectivos, iniciativas comunitarias y otros actores territoriales.

Al mismo tiempo, el proceso evidenció una dificultad que va más allá de identificar quiénes hacen innovación pública, pues mostró estas experiencias acumulan aprendizajes relevantes sobre cómo abordar problemas colectivos, pero ese conocimiento suele permanecer ligado a proyectos, equipos o territorios específicos, con pocas oportunidades para circular, dialogar con la investigación académica o llegar a los espacios de toma de decisiones.

Aquí aparece una segunda necesidad, la de construir colaboración real que supere estos espacios de intercambio. La articulación puede facilitar el intercambio y dar continuidad a los aprendizajes, pero para que esto ocurra quienes participan necesitan tener capacidad de incidir en las agendas y en las decisiones sobre qué experiencias se documentan, cuáles se comparten y cuáles se fortalecen. No basta con reunir experiencias diversas. Hace falta construir relaciones capaces de sostener procesos de trabajo conjunto sostenidas. 

La cooperación Sur-Sur ofrece una oportunidad para avanzar en esa dirección. América Latina cuenta con trayectorias diversas en participación ciudadana, gobierno abierto, innovación pública y colaboración entre instituciones y sociedad civil. Poner estas experiencias en diálogo permite reconocer problemas compartidos, pero también aprender de las diferencias entre contextos nacionales y territoriales. Para ello, es necesario superar la fragmentación entre quienes investigan estos procesos, quienes diseñan políticas públicas, quienes implementan metodologías y las comunidades que sostienen iniciativas en los territorios.

Esto lleva a una tercera cuestión que resulta especialmente importante, sobre cómo acercar la teoría y la práctica.

Las experiencias territoriales producen conocimiento, aunque no siempre sea reconocido como tal. Al mismo tiempo, la investigación académica y las instituciones públicas desarrollan conceptos, metodologías y herramientas que no siempre logran dialogar con las condiciones concretas en las que las políticas se implementan. El reto no consiste en hacer que uno de estos mundos se adapte completamente al otro, sino en generar espacios donde puedan transformarse mutuamente.

La cooperación puede tomar formas concretas a través de investigaciones compartidas, documentación de metodologías, intercambios entre equipos y comunidades de práctica que permitan poner en circulación aprendizajes y construir conocimiento útil para distintos contextos. Pero también puede acercar la investigación académica a los problemas que surgen en la práctica, facilitar que las instituciones aprendan de las experiencias territoriales y ampliar la participación de las organizaciones sociales en las discusiones sobre políticas públicas.

Desde las Epistemologías del Sur y los enfoques de pensamiento decolonial, autores y autoras como Boaventura de Sousa Santos, Silvia Rivera Cusicanqui y Ngũgĩ wa Thiong’o han puesto sobre la mesa reflexiones sobre las jerarquías que atraviesan la producción de conocimiento, los saberes que quedan invisibilizados y la relación entre lenguaje, cultura y poder. Estas perspectivas permiten preguntarnos quién tiene la posibilidad de nombrar e interpretar las experiencias, qué conocimientos reciben reconocimiento y bajo qué criterios se decide cuáles merecen ser fortalecidos.

En esta misma dirección, Arturo Escobar ha planteado la importancia de atender las relaciones entre los territorios, sus formas de vida y los conocimientos que surgen de ellas. Esta perspectiva resulta especialmente pertinente para pensar la innovación pública, porque recuerda que compartir una metodología entre contextos exige comprender las condiciones que la hicieron posible y reconocer las adaptaciones que requiere en cada lugar.

Tomar una posición desde el Sur no significa rechazar los conocimientos producidos en otros lugares. Significa reconocer que nuestras experiencias también pueden producir conocimiento y contribuir a transformar las preguntas con las que se piensa lo público. Implica dejar de entender América Latina únicamente como un territorio donde se aplican o adaptan marcos construidos en otros contextos y reconocerla también como un lugar desde el cual se pueden formular conceptos, metodologías y preguntas propias.

Esta posición adquiere relevancia frente a los desafíos que atraviesan las democracias de la región. Así como las transformaciones políticas, económicas y tecnológicas; la expansión de la inteligencia artificial y los cambios en la circulación de información plantean preguntas sobre la deliberación pública, la participación ciudadana y la capacidad de las instituciones para responder a problemas complejos. América Latina necesita participar en estas discusiones desde sus propias experiencias y conocimientos, reconociendo tanto la diversidad de sus territorios como las desigualdades que atraviesan a sus sociedades.

En esta dirección, HAGA ofrece una experiencia desde la cual Extituto puede contribuir a esa conversación. Su apuesta en Colombia articula el desarrollo de capacidades, la experimentación, la transferencia de conocimiento y la conexión del ecosistema. A través de la Comunidad HAGA, el proyecto busca que las capacidades instaladas puedan mantenerse y ser utilizadas por otros actores en Colombia y, en un futuro, en la región.

Su proyección como una comunidad que conecta personas, redes y procesos emergentes plantea una oportunidad para fortalecer las relaciones con otras iniciativas y espacios de innovación pública. Desde esa experiencia, Extituto puede impulsar una conversación sobre cómo proyectar estos aprendizajes hacia la cooperación regional, respetando la autonomía y las particularidades de los actores y territorios que participen.

La participación de Extituto en GIGAPP 2026 permitió poner estas preguntas en común con personas y organizaciones que trabajan desde estos lugares. Dar continuidad a ese intercambio supone avanzar hacia una agenda regional que reúna investigación y práctica, promueva el aprendizaje entre experiencias y abra espacios de colaboración sostenida.

Construir una agenda propia de innovación pública desde el Sur Global no significa partir de cero. Significa reconocer lo que ya existe, conectarlo y generar las condiciones para que pueda circular, dialogar y producir nuevo conocimiento. A través de HAGA y de su apuesta por articular capacidades distribuidas, Extituto puede contribuir a construir esos vínculos y, con ellos, fortalecer la capacidad de América Latina para producir conocimiento, definir sus propias prioridades y participar en las decisiones que orientarán las transformaciones políticas, económicas y tecnológicas de hoy.

Daniela Luque
Extituto de Política Abierta

Coordinadora de Formación y Articulación en Colombia Líder, donde impulsa la formación de gobernantes y la construcción de alianzas para fortalecer la gestión pública territorial.

También te puede interesar

El Derecho a Permanecer

La planeación urbana en Bogotá ha sido, históricamente, una hoja de ruta trazada desde escritorios lejanos al territorio. Para miles de familias, el progreso no

Leer más »